miércoles, 5 de noviembre de 2008

IX-107 Saturados de Inutilidades.


En los próximos días comienzan los empleados a recibir sus “utilidades”, es decir ese pago anual que se les hace por ley y que corresponde a una parte de las ganancias obtenidas por la empresa durante el año, o en el caso de los servidores públicos los “aguinaldos”. Este dinero se usa generalmente para costear los gastos de celebración de la navidad y el año nuevo, para la compra de adornos y regalos o la preparación de comidas y bebidas, cada quien de acuerdo con sus posibilidades, así como hay a quienes les alcanza hasta para ahorrar, hay otros que han gastado de más durante el año y solo les alcanza para pagar sus deudas.

La intención de esta meditación no es decirles como deben utilizar sus utilidades o aguinaldos, pero si recordarles al prójimo, que no pensemos únicamente en nosotros mismos. Nos dice la Biblia en el libro de Sirácides: “Hijo mío, haz buen uso de todo lo que tengas, y preséntale al Señor ofrendas generosas. Acuérdate que la muerte no tardará, y que tu hora no te ha sido aún revelada. Antes de morir haz el bien a tu amigo, se generoso según tus medios. Disfruta de la vida y no desdeñes un gusto legítimo si se te presenta en el camino.” ( Sir 14, 11-14). Es decir que no debemos abstenernos de disfrutar de algún gusto legítimo, pero siempre buscando dar y compartir con la familia y con el prójimo, que lo que hagamos en este sentido es una ofrenda generosa al Señor.

En este mundo consumista, rodeados de propagandas de todo tipo, por carteles, medios impresos, radio y televisión, tenemos la tentación de comprar cosas inútiles que no nos sirven sino para satisfacer la vanidad y el capricho, miremos a nuestro alrededor en la casa y veremos cuantas cosas tenemos que no usamos nunca, estamos Saturados de Inutilidades. ¿Cuántas de esas cosas son inútiles para nosotros pero podrían ser útiles en manos de otra persona?¿Qué hacemos con guardarlas, para qué?.


Recordemos también las palabras de Jesús: “Eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida” (Lc. 12, 15). ..”Esto vale para toda persona que amontona para si misma en vez de acumular para Dios” (Lc 12, 21).
Es la hora de compartir, de dar, de ser generosos, eso no implica que nos privemos de nuestros propios gustos, pero con moderación, teniendo siempre presente la solidaridad humana, el amor al prójimo y muy especialmente al necesitado, con nuestras buenas obras acumularemos un tesoro en el cielo, donde no lo corroe el tiempo ni la polilla. Demos con amor, con cariño, por la Gloria de Dios.

Que la paz y la bendición de Dios llegue a todos sus hogares.



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