miércoles, 4 de marzo de 2009

X-024 Nuestro Pan de cada día.


En el Padre Nuestro, la oración que fue enseñada por Cristo a los apóstoles, pedimos al Padre que nos de “Nuestro Pan de cada día”, es decir que nos alimente que no se olvide que estamos necesitados de ese alimento. El Altísimo, que es toda sabiduría, nos ha demostrado que se preocupa del alimento de sus criaturas, desde el propio Génesis encontramos en la Historia Sagrada que Dios creo toda clase de plantas y de animales para que el hombre se alimentara: “Dijo Dios, “Hoy les entrego para que se alimenten toda clase de plantas con semillas que hay sobre la tierra y toda clase de árboles frutales. A los animales salvajes, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra, les doy pasto verde para que coman.“ Y así fue. (Gen 1, 29-30).

Más adelante cuando su pueblo vagó por el desierto, después de la liberación de su esclavitud, cuando tuvo hambre, se ocupó Dios de su alimento haciendo llover el maná del cielo.

También Jesucristo, el mismo Dios, a su paso por este mundo nos demostró su preocupación por el alimento del hombre, cuando tuvo compasión de las multitudes que le seguían y realizó varias veces el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. En efecto, Dios se preocupa de alimentarnos, por eso no debemos desconfiar nunca de su Divina Providencia preguntándonos ¿Y qué vamos a comer mañana?.

Pero recordemos que somos Cuerpo y Alma, que así como nuestro cuerpo necesita de alimento para subsistir, también nuestro espíritu debe ser alimentado. Ya lo dijo Jesús en su respuesta a las tentaciones del diablo en el desierto: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de la boca de Dios” (Mt 4, 4) ¿Y cuál es el alimento del espíritu? Precisamente la palabra de Dios. Es por eso que cuando el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, en otras palabras, cuando Jesús hecho hombre vino a la tierra, nos dijo: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 51) La institución de la Eucaristía en la última cena es el gran regalo de Dios a los hombres, habernos dejado en forma visible un alimento para nuestras almas. Alabado sea Dios!.

Alimentemos pues nuestro espíritu cada día con la palabra de Dios y no olvidemos que Jesús nos espera en la Eucaristía a fin de alimentarnos con su cuerpo y con su sangre para que nuestro espíritu no muera y tenga vida eterna.

Que la paz y la bendición de Dios llegue a todos sus hogares.

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