miércoles, 6 de marzo de 2013

XIV-016 La Enfermedad y Muerte de un Presidente



LA ENFERMEDAD Y MUERTE DE UN PRESIDENTE.

La noticia que hoy acapara la atención y el comentario de todos es, desde luego, la enfermedad y muerte del Presidente de Venezuela, un hecho que por tratarse de un personaje público, acapara la atención de la gran mayoría de las personas que de una manera u otra se vieron beneficiados o desfavorecidos con las políticas que puso en práctica durante el ejercicio del poder. Es a la vez un motivo de reflexión para muchos desde el punto de vista material, pensando en los cambios que para su propia situación pueda traer este evento, pero también es necesaria una reflexión espiritual, al igual que lo hacemos cuando muere un amigo o un familiar, sobre la realidad de esta situación a la que todos más tarde o más temprano estaremos sujetos.

Siendo un hecho natural que nos corresponde a todos pasar por ese momento, es curioso como las personas rehúyen hablar o reflexionar sobre el mismo, pareciera que tienen la impresión de que les va a ocurrir más pronto si hablan de ello y hay que aclarar que esto no es así, Dios tiene previsto para cada quien un término de vida y sólo él conoce el día y la hora que a cada quien le corresponde, y ese momento llegará “como un ladrón en la noche”, solo en los casos de enfermedad grave o prolongada es posible prever la cercanía de la muerte. Sabemos que hay personas que se acuestan aparentemente muy sanas y amanecen muertas, les ocurre un paro cardíaco durante el sueño, hay otras cuya muerte es accidental y salen de su casa a efectuar una simple diligencia y son atropelladas o reciben una bala perdida, hay tantas formas de morir que hasta pude ver en estos días un programa de TV que se llama “1000 formas de morir”. Nadie puede prever cómo será su propia muerte, salvo que asuma una actitud de riesgo permanente.

Somos cuerpo y espíritu, lo que es mortal es nuestro cuerpo porque nuestro espíritu es inmortal, cuando uno muere se separan ambos, el cuerpo va a la tierra de donde vino, se desintegra y se convierte otra vez en polvo, en tanto que el espíritu va al juicio temporal que le dará un destino según hayan sido sus obras en la tierra, ese destino puede ser el Cielo, el Purgatorio o el Infierno. En el Cielo para la felicidad eterna en la presencia de Dios y compañía de los santos, en el Purgatorio para su purificación antes de estar en la presencia del Señor y en el Infierno para su condenación eterna.

Nuestra meditación nos debe llevar a la conclusión de que debemos estar siempre alertas, con las lámparas encendidas y con aceite de repuesto, como las novias sensatas de la parábola de Jesús, es decir en gracia de Dios, procurando en esta vida estar siempre limpios de pecado, frecuentando la penitencia y la eucaristía que es lo que deseo para todos ustedes. Glorifiquemos a Dios con nuestra vida.

Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones y la bendición de Dios Todopoderoso descienda sobre todos ustedes y les acompañe siempre.

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