miércoles, 25 de junio de 2008

IX-067 Los sentimientos de culpa.


Cuando nos sentimos tristes, deprimidos, por algo que hemos hecho o dejado de hacer, cuando nos sentimos culpables y nuestra propia conciencia nos está señalando con un dedo invisible, pudiera ser que Dios nos está hablando a través de la conciencia y nos está llamando a reconstruir nuestra vida por medio del sacramento de la penitencia. Sin embargo, esos sentimientos pueden tener diferentes magnitudes y pueden ir más allá de una dimensión razonable, al punto de no dejarnos en paz y no dejarnos dormir por las noches, ni fijar la atención debida en nuestras ocupaciones. ¿Qué se puede hacer?


En el primer caso, si se tratara de que simplemente nos hemos dado cuenta que hicimos mal, que hemos actuado de espaldas a Dios, es claro que se trata de un sentimiento normal y que nuestra propia conciencia nos está llamando al botón y nos pide regresar al camino de Dios, debemos acudir a la confesión en busca de su perdón por su gran misericordia, ese perdón de Dios siempre va mucho más allá de cualquier pecado que hayamos cometido por lo que no podemos poner en duda que realmente se haya producido en nuestro caso y que la absolución nos debe conducir a la paz interior y al sosiego de nuestra alma.


Si los sentimientos de culpa aún persisten después de haber recibido la absolución, no se trata ya del aviso de Dios, sino de una culpa que hemos elaborado nosotros mismos, convirtiéndonos en nuestros propios jueces y distorsionando la realidad.


Hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, es decir que tenemos memoria e imaginación, igual que el Padre, intelecto como el Hijo y voluntad como la del Espíritu Santo, somos por tanto capaces de sentir compasión y tener misericordia, de tener fe y humildad y somos capaces de amar. Todas estas cosas deben guardar un equilibrio entre si para que funcionemos adecuadamente. Si hemos cometido una falta, nuestra memoria nos lo recuerda y nos da el sentimiento de culpa que nos debe llevar de vuelta a Dios y tener su perdón para aquietar nuestro espíritu, esa es la forma como funciona correctamente, pero si se pierde el equilibrio y nuestro intelecto magnifica la culpa, desconfiamos del perdón de Dios y eso hace que nos sigamos sintiendo culpables.


Sentirnos culpables no nos conduce en modo alguno a la santidad, por el contrario nos aleja de ella porque significa una desconfianza en el amor y la misericordia del Señor que es infinita. Cuando nos sentimos exageradamente culpables es porque estamos actuando por nuestro propio criterio y no estamos escuchando la voz de Dios.


Debemos ser equilibrados, darnos cuenta de lo bueno y de lo malo, de lo correcto y de los errores, de los medios que Dios nos ha dado para superar las dificultades y enrumbar nuestra vida y poner toda nuestra confianza en El, que todo lo puede, no dejemos que nuestros errores nos aplasten, tenemos a Jesús que nos da la mano y que nos ayuda a levantarnos y a seguir sus pasos, no desconfiemos nunca de El.

Que la paz y la bendición de Dios llegue a todos sus hogares.

No hay comentarios: