lunes, 12 de noviembre de 2012

XIII-106 La Respuesta del Hombre a Dios




LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS.

Continuando con nuestro repaso del Catecismo, como una manera de participar activamente en las recomendaciones el Papa sobre el Año de la Fe, recuerdo que les recomendé el pasado lunes la lectura de los párrafos del 142 al 184 para comentarlos hoy en nuestra meditación, esa porción del Catecismo está enmarcada en el Capítulo Tercero bajo el título de “La Respuesta del Hombre a Dios”.

Como habíamos visto anteriormente, dado que al hombre se le dificultaba mucho encontrar a Dios, el mismo Dios decide revelarse al hombre, al principio por medio de la palabra, luego por intermedio de los Patriarcas y de los Profetas y finalmente con el envío de su Hijo Unico, Jesús, completando así su revelación. En este capítulo del Catecismo se describe la manera como el hombre responde a esa revelación.

Dios por su gran amor invita al hombre a una comunión consigo y la respuesta adecuada de éste a esa invitación es la fe. La fe significa el sometimiento completo de su inteligencia y su voluntad a Dios, este sometimiento lo llama la Sagrada Escritura “obediencia de la fe”.
El primer modelo que nos presenta la Sagrada Escritura de este sometimiento libre a la palabra escuchada es Abraham, “el padre de los creyentes”, que como sabemos fue capaz de llevar a su hijo a un sacrificio que Dios le había ordenado y que lo detuvo en el último instante al comprobar la obediencia del gran patriarca. El Antiguo Testamento es rico en testimonios de esta fe y luego en el Nuevo Testamento se nos presenta a María como la manera más perfecta de obediencia de la fe, cuando da su asentimiento al anuncio del ángel para la maternidad de Jesús y luego durante toda su vida hasta el momento crucial de su sacrificio en la Cruz, en ningún momento su fe vaciló ni dejó de creer en el cumplimiento de la palabra de Dios.

Debemos distinguir entre la fe puesta en Dios y la fe puesta en una persona humana, ya que las Escrituras nos enseñan que en Dios debemos creer en forma absoluta y total, en tanto que poner nuestra fe en una persona humana es una actitud errada y vana.
La fe es un don gratuito de Dios que lo da a todo aquel que lo pide con humildad y es la virtud esencial para salvación del hombre. La fe supera la razón humana, pero no hay contradicción entre la fe y la ciencia ya que ambas provienen de Dios y San Agustín decía “Cree para comprender y comprende para creer”.

La fe debemos alimentarla con la escucha de la Palabra de Dios y con la oración, para que crezca y de frutos, actuando por medio de la caridad y dándonos la esperanza en las promesas del Señor.

Para la próxima semana vamos a repasar los párrafos del 185 al 231 y los comentaremos el próximo lunes. Glorifiquen a Dios con sus vidas.

Que la paz de Cristo reine en tu corazón y la bendición de Dios Todopoderoso descienda sobre ti y toda tu familia y permanezca por siempre.

No hay comentarios: