miércoles, 24 de octubre de 2012

XIII-100 Ofrezcamos todo lo bueno a Dios



OFREZCAMOS TODO LO BUENO A DIOS.

Estamos llegando a nuestra Meditación No. 100 del presente año, agradecemos a Dios que nos haya permitido realizar esta tarea y seguimos implorando la luz del Espíritu Santo para que la palabra del Señor llegue a todos aquellos que quizás no tengan otra orientación que la nuestra y que cause en ellos el efecto que Dios haya previsto para su bien.
Ofrezcamos todo lo bueno que podamos hacer a Dios, para él todo honor y toda gloria, como dice el Salmo 8: “!Oh Señor, nuestro Dios, que grande es tu nombre en toda la tierra! Y tu gloria por encima de los cielos. Hasta bocas de niños y lactantes recuerdan tu poder a tus contrarios y confunden a enemigos y rebeldes. Al ver tu cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?¿Qué es el hijo de Adán para que te acuerdes de él?”

Es preciso en primer lugar reconocer nuestra pequeñez frente a la magnificencia de la creación entera, de la cual apenas conocemos una parte muy pequeña, para deslumbrarnos con la majestad de Dios y sentirnos realmente agradecidos. El hombre lo ha hecho así desde los primeros tiempos de la historia, recordemos que en el Génesis dice que Adán y Eva tuvieron primero un hijo llamado Caín y luego otro llamado Abel, el primero era labrador y el segundo pastor de ovejas, “Pasado algún tiempo, Caín presentó a Yavé una ofrenda de los frutos de la tierra. También Abel le hizo una ofrenda, sacrificando los primeros nacidos de sus rebaños y quemando su grasa. A Yavé le agradó Abel y su ofrenda, mientras que le desagradó Caín y la suya. Ante esto Caín se enojó mucho y su rostro se descompuso. Yavé le dijo ¿Por qué andas enojado y con la cabeza baja? Si obras bien, podrás levantar tu vista. Pero tú no obras bien y el pecado está agazapado a las puertas de tu casa. El te acecha como fiera, pero tú debes dominarlo.” (Gen 4, 3-5)

Tenemos mucho que aprender de estas palabras, primero que todo que debemos ser agradecidos a Dios y ofrecerle todo lo bueno que hagamos y no solamente lo bueno sino lo mejor como lo hizo Abel, nos preguntamos ¿por qué agradó a Dios la ofrenda de Abel y no la de Caín? La respuesta la encontramos en a Carta a los Hebreos: “Por la fe de Abel, su sacrificio fue mejor que el de su hermano Caín. Por eso fue considerado justo, como Dios lo dio a entender aprobando sus ofrendas.” (Heb 11, 4)

Hagamos bien nuestro trabajo, nuestro estudio, nuestro servicio y ofrezcámoslo al Señor con fe para que nuestra ofrenda le sea agradable. Obremos el bien y nuestra vista podrá levantarse con alegría hacia Dios.


Que la paz de Cristo reine en tu corazón y la bendición de Dios Todopoderoso descienda sobre ti y tu familia y permanezca siempre.

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