miércoles, 7 de agosto de 2013

XIV-059 María Esperanza de la Luz


MARÍA ESPERANZA DE LA LUZ.

Hoy se cumplen nueve años de la partida al Cielo de nuestra querida “mamma”, María Esperanza Medrano de Bianchini, orgullo de Venezuela por su ejemplo de vida cristiana, por su abnegación y entrega a los más necesitados y por el grado heroico en que desarrolló las virtudes que le adornaron a lo largo de su existencia. La Iglesia Católica estudia hoy el ejercicio de esas virtudes, en base al testimonio de las personas que la conocieron en vida, para pronunciarse en consecuencia.

La vida de María Esperanza es un compendio del ejercicio de esas virtudes que Dios quiere que todos practiquemos, la virtud de la Fe que es y debe ser el centro de la vida de todo bautizado, porque ella irradia su luz potente a todas las otras virtudes, destaca en todas las etapas de su vida, una fe profunda que brotaba de lo más íntimo de su corazón. Alimentada constantemente por la oración, la meditación y la práctica de los sacramentos, esa fe era de tal magnitud que se irradiaba a todos aquellos que entraban en contacto con ella, infundiendo en ellos el deseo de servir a la Iglesia, de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Su hablar con propiedad y autoridad eran como una luz que iluminaba a los que estaban a su alrededor y los invitaba a participar en los sacramentos y en la vida litúrgica de la Iglesia, de allí surge el apodo de María Esperanza de la Luz con que hemos titulado esta meditación, porque ella iluminó como antorcha encendida el camino de muchas almas que lo necesitaban.

Dios es amor y cuando amamos a Dios con toda nuestra alma y con todo nuestro corazón, como lo hiciera María Esperanza desde su infancia, Dios retribuye ese amor y no se deja ganar en generosidad, de allí que Dios premiara a la hoy Sierva de Dios, con muchos dones y carismas que ella usó con prudencia y humildad en favor de los enfermos y necesitados. También la Santísima Virgen, su gran amor, la premió con sus apariciones y mensajes, premio que de paso nos favorece a todos los venezolanos que ahora tenemos una advocación propia, la de María Virgen y Madre Reconciliadora de todos los pueblos y naciones y un Santuario en Betania con una gruta en la que la Virgen nos acoge a todos sus hijos y escucha con atención nuestras súplicas.

María Esperanza llevó por todo el mundo el mensaje de Reconciliación que la Virgen le había entregado en Betania, especialmente por los Estados Unidos, país al cual recorrió de costa a costa, que la amó de una manera muy especial, amor que se hizo patente en la multitud de fieles, sacerdotes, obispos y religiosas que colmaron la capacidad de la Catedral de Metuchen, New Jersey, el día de la apertura de su Causa de Beatificación y Canonización, porque ella llevó esperanza por doquier y liberó a muchos de las ansiedades y los temores que nos rodean en el mundo de hoy, sembrando amor a Dios y al prójimo y predicando la necesidad de la unidad familiar y el compartir como base para el desarrollo de un mundo mejor, sigamos nosotros su ejemplo.

Glorifiquemos a Dios con nuestra vida.

Que la paz de Cristo reine en tu corazón y la bendición de Dios Todopoderoso descienda sobre ti y toda tu familia y permanezca siempre.

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