viernes, 16 de enero de 2009

X-006 "Hagan lo que El les diga".


Meditemos hoy sobre aquel acontecimiento que marca el comienzo de la vida pública de Jesús, las Bodas de Caná. Tenemos que aprender de ese evento varias cosas, entre ellas esa invitación que nos hace a todos la Virgen María, cuando de la manera más amorosa y sencilla nos dice: “Hagan lo que El les diga”.

Cuando Jesús había llegado a los treinta años de vida, hubo por aquel entonces unas bodas, un matrimonio, en Caná de Galilea, al cual fue invitada la Madre de Jesús, el propio Jesús y sus discípulos. Transcurrida parte de la fiesta, ocurrió que se había terminado el vino, lo cual comprometía seriamente a los novios poniéndolos en apuros. La Virgen se dio cuenta de la situación y le dijo a su Hijo: “No les queda vino”, ella conocía el poder de Jesús y sabía que podía solucionar aquel problema, sin embargo, el joven Jesús pensaba que aún no había llegado la hora de revelarse públicamente y en principio rehuye inmiscuirse en el asunto, pero María insiste y les dice a los mozos del servicio: “Hagan lo que El les diga”.(Jn 2, 5) Jesús ordenó entonces llenar unos grandes recipientes con agua y luego les dijo “Saquen ahora y llévenle al mayordomo” Y ellos se lo llevaron. Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de donde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Y le dijo: “Todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad, pero tú has dejado el mejor vino para el final” (Jn 2, 5-10)

Hoy en día la Virgen nos hace a todos esa misma insinuación que hizo a los sirvientes en aquella boda: “Hagan lo que El les diga”, es decir que seamos obedientes al evangelio porque allí está todo lo que Jesús quiere decirnos, no solo para convertir nuestro espíritu, como aquella agua que pasó a ser vino, sino para hacernos los mejores, para que todos se asombren de nosotros y de nuestra calidad humana.

Invitemos, por medio de la oración, a Jesús y a María a nuestras vidas para que todo salga bien, confiemos plenamente en que su presencia no permitirá que nos falten las cosas esenciales, porque en la hora del apuro ella acudirá a Jesús y con su dulzura maternal lo convencerá para que nos ayude a salir adelante, a ser mejores, con una conciencia cierta de nuestros deberes para con Dios y para con los hombres.

Que la paz y la bendición de Dios lleguen a todos sus hogares, feliz fin de semana y no olviden la misa dominical y el rezo del Rosario en familia.

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