viernes, 26 de marzo de 2010

XI-025 El Misterio de la Redención.


EL MISTERIO DE LA REDENCION.

Iniciamos ahora la conmemoración de todos los hechos que conforman el Misterio de la Redención, es decir la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Comenzando prácticamente desde el día de hoy, Viernes del Concilio, pasando por el Domingo de Ramos, los diferentes “pasos” de la Pasión de Cristo, su muerte en la Cruz, para concluir con el Domingo de Resurrección.

Las cosas de Dios son siempre un “Misterio” para nosotros, algo que envuelve muchos aspectos difíciles y hasta imposibles de sujetarse a un razonamiento humano, ello se debe a la limitada capacidad de nuestro intelecto por una parte y a la inmensa sabiduría de Dios por la otra, es por eso que siempre nos quedarán muchos “¿por qué?” pendientes de responder. En el Plan de Dios estaba escrito que enviaría a su Hijo a la tierra para cumplir la misión de redimir al género humano de sus pecados y que esa redención se llevaría a cabo mediante la entrega de su vida en la cruz, todo estaba previsto hasta en sus más mínimos detalles, siglos antes de que ocurrieran los hechos, como lo podemos comprobar con la lectura de los profetas del Antiguo Testamento. Por ejemplo, recordemos las palabras del profeta Isaías, 700 años antes de Cristo: “El justo, mi servidor, hará una multitud de justos, después de cargar con sus deudas. Por eso, le daré en herencia muchedumbres y lo contaré entre los grandes, porque se ha negado a si mismo hasta la muerte y ha sido contado entre los pecadores, cuando llevaba sobre sí los pecados de muchos e intercedía por los pecadores” (Is. 53, 11-12).

En esa profecía se habla no solamente de la pasión del Señor, de detalles como que le hicieran cargar con el peso de la cruz que simboliza los pecados de todos los hombres, sino de las consecuencias que con el correr del tiempo se derivarían de estos hechos, es decir de nuestro tiempo actual. En efecto, cuando se habla de “multitud de justos” y de “muchedumbres” se está refiriendo a la Iglesia de Cristo que a través de muchas dificultades fue creciendo hasta las dimensiones que tiene hoy en día a nivel mundial.

Meditemos en estos días el Misterio de la Redención, quizás encontremos en estas meditaciones las respuestas a muchos de los interrogantes que a veces nos hacemos, quizás otros queden todavía envueltos en esa niebla divina que los hace tan atractivos para aquel que los piensa con un corazón abierto a las gracias del Señor.
No olvidemos en nuestras meditaciones a María, la Madre del Salvador, ella ocupa el lugar más alto, después de Jesús, en todos estos misterios y a la vez el más cercano a nosotros, pues ella es también nuestra madre y está pendiente de cada uno de nosotros que somos sus hijos e hijas, acudamos a ella en los momentos de peligro, en las angustias y en las dudas que ella está dispuesta a acogernos en sus brazos maternales y a indicarnos el camino cierto por donde no erraremos y alcanzaremos la paz y la felicidad que os deseo de corazón a todos ustedes.

Les deseo a todos que estos días de asueto durante la Semana Mayor, les sean de mucho provecho espiritual y nos encontraremos de nuevo al regreso de sus vacaciones, que Dios les bendiga y les acompañe en todos los lugares a donde se dirijan.

Que la paz y la bendición de Dios lleguen a todos sus hogares, feliz semana y no olviden la observancia de la abstinencia hoy viernes de Cuaresma, así como el ayuno y la abstinencia del Viernes Santo, la participación en los actos litúrgicos de la Semana Santa, el rezo del Via Crucis, la misa dominical y el rezo del Rosario en familia.