lunes, 8 de agosto de 2011

XII-082 Conmemorado Aniversario


CONMEMORADO ANIVERSARIO.

Ayer domingo fue conmemorado el VII Aniversario del fallecimiento de la Sierva de Dios, María Esperanza. Los actos se iniciaron a las tres de la tarde en la Capilla del Cementerio del Este con una Solemne Misa concelebrada por siete sacerdotes a los que acompañaban dos seminaristas, la capilla fue insuficiente para recibir a la gran cantidad de fieles que asistieron, entre los cuales había un grupo de religiosas de la Madre Teresa de Calcuta y otro de las hermanitas que residen en Cúa y se ocupan del cuido del Santuario de Betania, también asistieron en pleno la Coral Betania y la Fundación Betania presidida por el Sr. Geo Bianchini, esposo de María Esperanza, felizmente recuperado de su reciente enfermedad. La Misa fue presidida por el Pbro. Tim Bayerley, de la Diócesis de New Jersey, USA, Vice-Postulador de la causa de Beatificación y Canonización de María Esperanza de la Luz.

El Evangelio del Día fue el de la Transfiguración del Señor: “!Este es mi hijo!, el Amado, este es mi elegido, escúchenlo” (Mt 17, 5). En su homilía el Padre Tim comenzó por hacer referencia a la conmemoración de este séptimo Aniversario del fallecimiento de María Esperanza que es muy particular por la importancia que el número siete tiene en la Biblia y en la vida de María Esperanza, con un significado de plenitud, de perfección, como lo fue su vida en el seguimiento de Cristo, un alma escogida por Dios en una constante búsqueda de la perfección y a la que debemos nosotros escuchar.
Hizo referencia luego a la peregrinación venida desde la comunidad de Betania 10 que existe en New Jersey, compuesta por un grupo de 30 jóvenes, acompañados de varios sacerdotes que durante estos días han compartido en Betania con jóvenes venezolanos de la Fundación Betania y que en el día de ayer espontáneamente decidieron hacer una vigilia en la noche del día seis para el amanecer del día siete tal como hiciera en el año 2004 la familia entera de María Esperanza durante su agonía.

Recordó también el Padre Tim la gran labor apostólica realizada por María Esperanza en sus múltiples viajes a los Estados Unidos y la gran cantidad de conversiones que se derivaron de su prédica sencilla y amorosa sobre la reconciliación y los mensajes de la Virgen Santísima en sus apariciones en Betania, y de cómo ella en un acto extremo de desprendimiento ofreció su vida a Dios por la del Papa Juan Pablo II, y el Señor aceptó su ofrecimiento y a partir de ese momento ella comenzó a sufrir los mismos síntomas de la enfermedad de Parkinson que sufría el Santo Padre y su salud fue declinando progresivamente a medida que avanzaba la terrible enfermedad y que sin embargo, a pesar de todo ello, ella continuó en su incansable labor apostólica e incluso en los últimos días cuando ya no podía hablar y que su vida transcurría en un ir y venir en camilla de los hospitales a su casa por las varias gravedades que sufrió, era capaz de lograr conversiones con una simple mirada o con una sonrisa y fueron muchas las enfermeras, médicos, policías y vecinos que se sintieron atraídos al amor de Dios con solo verla un instante. Contó además que durante su enfermedad en Long Beach Island diariamente se celebraba la misa en la casa de María Esperanza y ella recibía la Eucaristía y de cómo ya en sus últimos momentos, acompañada de toda su familia, tuvo una breve recuperación casi milagrosa del habla y fue pronunciando uno a uno los nombres de todos los miembros de la Fundación Betania, sus hijos espirituales.

Dijo una vez María Esperanza “Es mucho más lo que yo puedo hacer por ustedes desde allá arriba que aquí en la tierra” y en efecto, después de su fallecimiento son incontables los eventos, de curaciones, de soluciones de problemas, y de intercesiones en los que se nota la intervención de su mano milagrosa.

Los actos concluyeron posteriormente con el rezo del Rosario en el lugar donde reposan los restos de María Esperanza, cantos dedicados a la Virgen y a ella y palabras del Sr. Geo Bianchini y de los sacerdotes presentes que al final, cuando ya la noche comenzaba a caer sobe el camposanto, impartieron conjuntamente su bendición a todos los asistentes y les dijeron “Pueden ir en Paz”.

Que la paz de Cristo esté en sus corazones y la bendición de Dios Todopoderoso llegue a todos sus hogares.

No hay comentarios: